No es muy difícil imaginarse la habitación que estoy a punto de describir. Ninguna luz alumbraba absolutamente nada, entonces no podía vislumbrar la amplitud de la sala, si estaba amueblada, el color de las paredes, ni si quiera se podía afirmar si estaba en una habitación. Lo único realmente visible era la puerta que Ana tenía justo delante. La puerta estaba abierta, y se veía el mar azul transparente brillante ondular sobre la orilla de una arenosa playa con una pinta muy confortable. Sobre la fina arena, varios grupos de jóvenes celebraban lo que Ana pensaba que podía ser el comienzo del verano. Cada instante que pasaba, Ana estaba más cerca de la puerta sin darse cuenta, y estaba deseosa de cruzar el umbral para salir de esa oscura pesadilla.
...
...
...
Ya estaba tan cerca que podía tocar el marco de la puerta, la cuál no estaba sujeta a ninguna pared, pero Ana no se iba arriesgar a ver que había por el otro lado de la puerta, la deseosa playa ya estaba bastante cerca. Ya casi podía introducir su mano dentro de la puerta. Lo único que podía impedir ahora que su situación mejorara era que la puerta se cerrara inesperadamente, o que lo que mostraba la puerta no fuera una visión real de lo que le esperaba al otro lado.
Pero eso no tenía por qué suceder...
jueves, 24 de mayo de 2012
domingo, 6 de mayo de 2012
Olor Salado
Un mes cumple ya desde la primera vez que un sol salado inunda con su luz la triste habitación de Pedro. Una mera guitarra española era toda la posible compañía que tenía en su habitación, expresando mejor que él mismo ese sentimiento melancólico que era incapaz de transmitir a sus amigos... Esa era su actitud ante todo el trabajo que tenía que hacer... Deberes, deberes, deberes... Instituto, favores, hacer feliz a todo el mundo... Y sin embargo allí estaba, haciendo sonar su vieja amiga. Solo una meta se planteaba, y nada tenía que ver con el trabajo, todo lo contrario, tenía que ver más bien con su cese, el dejar de deber nada a nadie, ser completamente libre de decidir qué hacer en cada instante, sin tener un futuro escrito, y sin dejar de pasarlo bien, con quien fuese, mientras fuera un buen rato... Constantemente, Pedro se tomaba tiempo "libre" para pasearse por la playa y dejar que la dulce textura de la arena salada y húmeda acariciara sus pies descalzos. En estos momentos era mágico cerrar los ojos y sentir, el viento soplando, el mar agresivo azotando la costa, la vida rebosante sobre tierra y mar... A veces la vida puede ser mágica, simplemente por la acción de la mente humana y su mejor arma, la imaginación. En esos largos paseos solitarios Pedro solía echar de menos las viejas vacaciones junto a amigos que ya apenas recordaba. Eso era realmente triste, el no revivir camaraderías con las viejas jaurías de lobos, daba pena. La vida, tal vez, daba demasiadas vueltas. La cosa era que Pedro echaba de menos el periodo de vacaciones del verano, y esperaba que el poco tiempo que quedaba para que llegara el siguiente se pasara instantáneamente. Deseaba retomar contacto con todos sus viejos camaradas. La impotencia del deber esperar, era desoladora, y era aquella la causante de la agonía que Pedro sufría durante los meses de mayo y junio. De momento sólo una meta, esperar a julio, y entonces, la vida volvería a llenar de felicidad la insulsa y agonizante existencia de Pedro. Cuando llegara, Pedro conocería lo más parecido a un paraíso, al menos en vida.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)