No es muy difícil imaginarse la habitación que estoy a punto de describir. Ninguna luz alumbraba absolutamente nada, entonces no podía vislumbrar la amplitud de la sala, si estaba amueblada, el color de las paredes, ni si quiera se podía afirmar si estaba en una habitación. Lo único realmente visible era la puerta que Ana tenía justo delante. La puerta estaba abierta, y se veía el mar azul transparente brillante ondular sobre la orilla de una arenosa playa con una pinta muy confortable. Sobre la fina arena, varios grupos de jóvenes celebraban lo que Ana pensaba que podía ser el comienzo del verano. Cada instante que pasaba, Ana estaba más cerca de la puerta sin darse cuenta, y estaba deseosa de cruzar el umbral para salir de esa oscura pesadilla.
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Ya estaba tan cerca que podía tocar el marco de la puerta, la cuál no estaba sujeta a ninguna pared, pero Ana no se iba arriesgar a ver que había por el otro lado de la puerta, la deseosa playa ya estaba bastante cerca. Ya casi podía introducir su mano dentro de la puerta. Lo único que podía impedir ahora que su situación mejorara era que la puerta se cerrara inesperadamente, o que lo que mostraba la puerta no fuera una visión real de lo que le esperaba al otro lado.
Pero eso no tenía por qué suceder...
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