sábado, 17 de marzo de 2012

Diario de Abordo


Día 22
Veintidós días han pasado ya desde que acaeció  la tormenta que tantos tormentos vienen provocándonos desde entonces. Llegábamos al destino de nuestra travesía por el Caribe cuando una repentina borrasca nos atacó. De la misma manera que apareció se fue, dejándonos en un lugar en el cual siempre atardece pero nunca anochece (la mar del crepúsculo, la denomino yo) y donde no existe aparentemente tierra alguna. Solo el eterno atardecer y las olas del mar nos rodean en este mundo. Mantenemos un rumbo recto con la esperanza de encontrar tierra, y con algo de suerte, algún puerto. Las provisiones apenas durarán unas semanas, y la moral de los tripulantes comienza a tocar el fondo marino. Comienzo a preocuparme también yo. La tripulación rumorea que nuestra travesía por estos mares se trata de un castigo divino por nuestros pecados. Yo ni siquiera sé que pensar. Lo que más me interesa ahora es salvar a estas pobres almas del hambre, pero no sé de qué manera. Mantengo al día este  diario por miedo a perecer en esta travesía, y ahora mismo apostaría mi barco y tripulación a que ese es nuestro futuro. Sólo espero que estas palabras les lleguen a mi mujer Rosalie y a mi hija Mary, que sepan que incluso al borde del abismo, mi corazón está solo a su disposición.
Día 30
Desde mi última escritura pocos acontecimientos son dignos de mencionar. Un marinero al que poco conocía cedió por la presión y se voló la cabeza  en lo alto del castillo de proa, cayendo su cuerpo sin vida al mar. Al menos, sirvió para comprobar que la mar está deshabitada de seres vivos, y si lo está, a estos no les interesa nuestro pellejo.
Día 35
No dejo de pensar en que jamás volveré a ver a mi amada familia, y esto me impide dormir por las noches. Esta mañana, al levantarme de mi lecho me he  mirado al espejo, y un hombre huesudo, de tez morena mal afeitado y de rostro triste me devolvía una mirada penetrante que clamaba socorro. Ni siquiera era capaz de reconocerme. Comienzo a sospechar que el fin se acerca. He ordenado mantener el mismo rumbo, y los marineros obedecen cabizbajos a mantener las velas a punto; gracias a Dios, aquí el viento es constante e incesante, por lo menos hasta ahora.
Día 46
Hemos comenzado a racionalizar la comida para prolongar nuestra existencia con la fe de encontrar alguna ayuda. Es preciso gastar la mínima energía posible.
Día 50
Hemos encontrado tierra. Una gran isla. Tiene aspecto terrorífico, pero es una isla al fin y al cabo. Nos acercamos con mucha esperanza.
A medida que nos acercamos se nos hace más difícil ver, puesto que ha aparecido una niebla muy espesa. La tripulación se ha echado atrás y no obedecen mis órdenes de acercarnos más.
Hemos comenzado a retroceder.
Día 53
Tras varios días de disputa con la tripulación, hemos decidido desembarcar. Es nuestra última esperanza de salvamento. Si tenemos suerte encontraremos alguna fuente mineral para satisfacer nuestra sed, y algún alimento que nos calme el hambre, antes de que comencemos a practicar el canibalismo. Dios, si de verdad existes tú y tu misericordia, este es tu momento de demostrarlo.

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