domingo, 18 de marzo de 2012

Rutina

Otro día más que se levantaba en su colchón demasiado blando por culpa de su edad y culpable de sus variados problemas de espalda, en su pequeña habitación de paredes oscuras y poco iluminada, puesto que la única ventana estaba orientada hacia un edificio que no dejaba llegar la luz solar. El olor a vodka que despedían las múltiples botellas vacías desperdigas por la habitación embriagaban a Carlos, como de costumbre. De nuevo lo mismo, debía levantarse, asearse, ponerse el uniforme y marcharse a la mina, a seguir picando y cavando, picando y cavando...
Siempre la misma historia, todo trabajar tan solo para poder permitirse el alquiler de aquella ridícula habitación para protegerse del frío y la lluvia. No tenía nada; ni amigos, ni familia, ni una mascota cuya vida dependiera de él... Su vida estaba completamente vacía, y así seguiría, puesto que no tenía ninguna meta a la que llegar. ¿Entonces para qué seguir trabajando? ¿Para qué molestarme, si nadie se fijará en mi y se preocupará por mi? Le era imposible acercarse a nadie, odiaba completamente a toda la humanidad, seres despreciables que se agrupan y se regodean de su condición superior a la de los que están por debajo. ¿Acaso es a eso a lo que aspiro?
¿Pero que hago aquí entonces? ¿Perteneceré yo a otro mundo? ¿Debería buscar yo mi mundo? Y en ese caso, ¿cómo me voy de esta mierda?
Subió a la azotea, una sexta planta de su edificio igual de desgastada que el resto del edificio. Se acercó al abismo y miró. Sus ojos no veían una carretera mal asfaltada abarrotada de coches cochambrosos y antiguos, sino un público expectante a que Carlos agarrara su guitarra y les expresase a todos lo que de verdad sentía. Nunca se vio así, era lo más parecido a un sueño que jamás hubiese tenido. Pero no podía cumplirlo en este mundo, donde la misma raza humana se aniquila a si misma, donde predomina el odio, la desconfianza, pero sobre todo, el egoísmo...
No era este su mundo, su mundo era el que veía reflejado, el escenario sobre el que se encontraba observado por su público expectante que rebosaba amor por sus iguales. Así que se decidió, y se entregó a su mundo, saltando sobre el público, que tras unos instantes de caída, lo sujetó con fuerza en alto llorando de alegría...


...mientras se desangraba en la realidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario